Templo de Bel y Oasis. Palmira, Siria. Destrucción del templo de Bel por el Estado Islámico.


Lo encontré por casualidad.

Fue por una visita a un olvidado trastero, para traspasar accesorios de bebé a unos buenos amigos que van a ser papás.

Entre las cajas de libros pendientes de encontrar librería digna, apareció.

Mi amigo se sorprendió de que yo hubiera estado allí, y de que aún lo conservara.

Se trataba de un libro comprado en un museo que ya no existe, con las fotografías de templos, esculturas y artesanía que ya no existen.

Un libro sobre fantasmas que, cuando los visité en 1993, no lo eran.

El libro del sitio arqueológico y Museo de Palmira.

Lo llevé a casa incitado por mi amigo a difundirlo, y ayer me surgió una duda ¿sería posible que…?

Nervioso acudí al oráculo de San Google, escribí el nombre del coautor del libro, y un esclofrío me recorrió cuando las noticias lo confirmaron:

El autor, desde el 18 de agosto de este 2015, tampoco existe.

Conocido como Khaled Al-Ascad, o Jaled Al-Assad, o خالد أسعد, o “el arqueólogo de Palmira”, fue, además de antropólogo y arqueólogo, Director del sitio arqueológico de Palmira durante 40 años.

Murió el mes pasado, decapitado públicamente por los asesinos terroristas del Estado Islámico, y con el cuerpo colgando de una columna, defendiendo los secretos que conocía mejor que nadie, para que nos quede en la memoria parte del legado de lo más grande a lo que llegó el Imperio Romano y en parte el Bizantino.

Civilización gobernada por quizá la mujer más poderosa de la antigüedad postegipcia.

Un legado que es orgullo de la cultura común que une tres continentes coincidentes en el Mediterráneo, desde España hasta el cercano oriente, antes aún de que fuéramos el último bastión de los Omeyas (dinastía por cierto siria).

Cuando Córdoba era capital de todo el califato omeya, del probablemente mayor imperio y nivel cultural al que llegó la civilización islámica.

Me he propuesto brindar merecido aunque modesto homenaje a este mártir de la arquitectura del pasado, y del conocimiento, traduciendo aquí las partes más interesantes de su libro y apostillando con opiniones mías [entre corchetes]. Pido que me corrijan en mis opiniones los historiadores mejor documentados.

También insertaré alguna de sus imágenes y dibujos, mejorando el poco contraste original, y si logro encontrarlas, con las fotos que tomé en el lugar.

Poco a poco lo iré completando, pidiéndote a ti lector, ayuda para su difusión, para que no consigan borrar lo que él sabía. Que los asesinos no se salgan con la suya.
Si llegaste hasta aquí, ya no estás al margen.


Enrique Prieto Catalán.
(aA) Asociación de Arquitectos.

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Ficha técnica del libro.
Está escrito en francés por Adan Bounni y Khaled Al-Assad.
Es la tercera edición de 1989, en Damasco.
Traducida al francés por Basil Aggoula, adaptada por el Abad Jean Starcky, y traducida del francés al español por el que escribe, Enrique Prieto Catalán.
Título de la traducción al francés “PALMYRE. Histoire, monuments et musée”.
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Respuestas a esta Discusión

INTRODUCCIÓN.

El oasis de Palmira aparece a lo lejos, protegido al oeste y al norte por una cadena de montañas, donde culminan el Jebel Hayyân(941m) y el Jebel al-Mazâr (808m).

Al este y al sur, la ciudad se abre sobre el desierto que se extiende hasta el infinito.

Un jardín de quinientos mil olivos, palmeras y granados ceñidos como una corona de lauleles el inmenso campo de ruinas: columnas doradas, torres y rampas, tumbas y templos, y sobre todo la imponente masa del santuario de Bel.

El castillo árabe de Ibn Ma’an se viste sobre un pico, como un águila cubriendo con sus alas el horizonte oeste que se enrojece al recostarse el Sol: la historia se hace presente al visitante, que no sabrá, venga de donde venga, permanecer impasible a la fascinante majestuosidad del espectáculo.

Enrique, te honra esta iniciativa.

Todos los que tuvimos la fortuna de pasear por las ruinas de Palmira, sentimos ese mismo estremecimiento que sentiste tú al descubrir el destino de Khaled, de la persona que sin duda sabía más que nadie de la historia de un lugar que era símbolo de la unión entre oriente y occidente. 

Un fuerte abrazo.

A continuación adjuntamos el informe detallado del evento que tuvo lugar en el COAM:

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